Educacion para la sustentabilidad

Maria Raquel Grassi, Coordinadora del Núcleo de Sustentabilidad y Responsabilidad Corporativa de la Fundação Dom Cabral (Brasil)

El hombre moderno perdió la capacidad de percibir la vida con más amplitud y, consecuentemente, los efectos que sus pequeñas acciones pueden provocar en el planeta y en la sociedad. La mayoría de las personas aún no consigue vislumbrar la relación de causa – efecto entre la acción humana predatoria y los desastres sociales y ambientales.

La educación es la única posibilidad que tenemos de rescatar esa comprensión de la vida y nuestro sentido de conexión. La sensibilización para los problemas mundiales y la noción de que somos parte del organismo vivo que es la tierra—y no meros propietarios o pasajeros — son, más que nunca, tareas del proceso educacional.

Esta alfabetización para la sustentabilidad debe llegar a todos los individuos, con destaque para los niños, los verdaderos inquilinos del planeta. Otro grupo que merece una atención especial es el de los líderes empresariales. Las empresas poseen en la actualidad un gran poder de transformación: de las 100 mayores entidades del mundo, 49 son países y 51, empresas.

Exactamente por este motivo, no pueden mantenerse ajenas a las miserias sociales y cuestiones ambientales, no tan sólo por su potencial de transformación, sino también porque su competitividad depende de la salud de la comunidad y del medio ambiente que las rodean. Muchas organizaciones ya están buscando prácticas que no sólo impidan la destrucción de valores sociales y garanticen el acceso a las necesidades de sobrevivencia, sino que también las posicione como protagonistas de los cambios.

Es en las universidades, escuelas técnicas y escuelas de negocios que preparamos a los profesionales para que actúen en las empresas. Las escuelas de negocios, en especial, cuidan de la capacitación para el ejercicio del liderazgo y del gerenciamiento. Precisan, por lo tanto, ofrecer una educación transformadora, capaz de despertar la conciencia colectiva de los individuos, reavivar su sentido de participación y, sobre todo, enseñar al hombre a crear y garantizar la continuidad de su existencia.

La realidad social y ambiental debe insertarse, de forma sistemática y proactiva, en la actuación de las escuelas de negocios. La mayoría de las instituciones todavía mantienen un currículum tradicional que transmite a los alumnos una visión fragmentada y distorsionada del mundo de los negocios.

La educación para la sustentabilidad requiere mucho más que el aprendizaje de conceptos y modelos. Lidiar con la vida, implica conscientizar e insertar al individuo en la realidad social y natural. En realidad, ese es el fondo y no puede ser tratado sólo como una especialidad cualquiera del curriculum académico.

El desafío que se impone al educador es la utilización de un lenguaje adecuado a cada especialidad, que revele los aspectos en que cada uno de ellos se enfrenta con la vida. Percibir un nuevo sentido en el trabajo y en la carrera, ver a la empresa como un ser social y percibirse como motor de cambios en su entorno son algunas de “las lentes especiales” que deben ser pasadas a los alumnos.

Solamente a partir de esta educación progresista será posible formar líderes empresariales pauteados por la sustentabilidad, con algunos desafíos claves: pensar y actuar en un contexto global, ampliar su propósito corporativo de manera que reflexione sobre su retribución con la sociedad, colocar a la ética en el centro de sus pensamientos y acciones y, finalmente, orientar su formación para incorporar la responsabilidad corporativa.

Con un liderazgo de este nivel será posible equilibrar los intereses de la empresa y de las demás partes interesadas, garantizando un ambiente que cubra nuestras necesidades sin comprometer la sobrevivencia de las generaciones futuras.

Happy Thanksgiving!

Manhana los estadounidenses celebran el día de acción de gracias. Así es que, junto a Loreto, vamos rumbo a la ciudad de Charlotte en Carolina de Norte a pasar estas fiestas con unos amigos. Esta vez los amigos son Hispanos, porque como les conté el año pasado, a los gringos-gringos les falta swing para celebrar y NO quiero arriesgar, en una celebración aburrida, los pocos días festivos que tengo. Escribo desde una parada que hago en Orlando, la ciudad de Mickey. A la vuelta les cuento como me fue en esta aventura. Son casi 12 horas manejando desde Miami. Somos un grupo de 7 personas que arrendamos una van para 12 pasajeros.

Flores: La venganza de Buda

“Resena de Rafael Gumucio sobre el senador Fernando Flores del PPD, uno de los personajes mas polemicos en este escandalo de corrupcion que sacude al gobierno y en particular al PPD” dice Pato Navia en el Referente. Yo creo que a Flores le hace falta escuchar como lo ven la mayoria de los chilenos, pero para que escuche, hay que decirselo en grupo: el seria incapaz de considerar a alguien individualmente. Uno de los problemas de tribus como la que sige al senador Flores, es que su arrogancia no les permite escuchar que piensan otros de ellos. Es tan coherente el cuento que se cuentan, que asi como algunos cristianos fanaticos, no se dan permiso para cuestionar lo que profesan. Pero ojo, tampoco creo que Gumucio ni Navia sean de los que escuchan lo que piensan otros de ellos. Esto de decirnos cosas los unos a los otros, solo sirve en la medida que entendamos que en Chile los profetas sobran. (recuerden que nadie puede salvar a nadie)

Rafael Gumucio
Las Ultimas Noticias
domingo 19 de noviembre de 2006

“Yo no estoy para tanta huevadas”-declaro con su característica elegancia el senador Flores, para posteriormente acometer muchas de las huevadas que a los chilenos nos tienen cansado de la política nacional.

Sin pudor fue de estudio de televisión en estudio de televisión ventilando conversaciones privadas, pasando por encima de cualquier institución, reglamento, o simple lealtad amistosa, para dejar caer-como quien no quiere la cosa-todo tipo de acusaciones al voleo. El único logro visible, a parte de la destrucción sistemática de un partido que hace pocos meses quería dirigir, fue cubrir y minimizar las irregularidades de Girardi, confundiendo a todos en una bruma de declaraciones, y permitiendo, en nombre de la bendita transparencia, más impunidad.

No me cabe duda que al senador Flores mis criticas y las de cualquiera lo tienen sin cuidado. Una de la más indignante de sus características es la seguridad absoluta en su propia genialidad. Vino de estados unidos donde gana mucho dinero y tiene muchos amigos, y sus nietos e hijos viven y prosperan, para salvarnos a los chilenos de nuestra propia mediocridad. De pura buena persona que es se ha hecho senador, desembolsando una gran suma de dinero en ello, eligiendo una región desértica y pobre a la que conectar con los flujos informaticos del mundo entero.

No nos portamos bien, los defraudamos, no estuvimos a su altura, fuimos mediocres, corruptos, mala onda, así que el Buda Flores decide ya no querernos y decirnos en nuestra cara que somos unos mafiosos, unos ignorantes, unos pobres tipos a los que-de no mejorar substancialmente-el va abandonar, para volver a San Francisco donde lo idolatran.

La grandilocuencia es para Flores una vieja amiga. En el gobierno de Salvador Allende estaba a punto de conectar toda la administración pública a un computador gigante alojado en uno de los departamentos del paseo Bulnes, cuando vino el golpe. Flores, Talquino, brusco y sin pelo en la lengua, amigo de sus amigos, sufrió la relegación y el exilio. En inglés, y sin las tallas y la mala onda de los compatriotas, logró una extraña fusión de filosofía y tecnología que conquisto el alma de más de un magnate.

Flores, un hombre sensible y más bien solitario empezó a gustarle eso de tener discipulos. En chile legiones de personeros públicos y privados han pasado por sus cursos, cantando las alabanzas del profeta en todo tipo de foros. Varias veces he tratado que algunos de sus iluminados alumnos me expliquen los revolucionarios contenidos de las charlas de Flores. Generalmente suelen estos repetirme sarta de lugares comunes como que hay que llegar a la hora a las citas, o que hay que sincerar las relaciones en la empresa. También me hablan de un futuro en red-que ya es presente-y nuevas formas de organización y otras bendiciones tecnotronicas imposibles de verificar.

Flores, el hombre del futuro, el campeón de la tecnología, y el nuevo conocimiento, representa sin embargo una figura muy conocida de nuestro
pasado: El millonario que hace política por filantropía. El caballero que paga su campaña con su propia plata y que por eso queda facultado para dar lecciones a los pobres ratones de cola pelada que anda rasguñando boletas y robando mesas de ping pong. Como si el hecho realmente indignante no fuese el que en chile un hombre pobre o normal, no pueda llegar a ser senador sin robar algo, o contar con el gentil auspicio de algún empresario.

No parece darse cuenta que ambos, el senador que ve la política como una excentricidad en que gastar su plata, y el senador que hace trampa para conservar su clientela, son las dos caras de la misma moneda, la de caciquismo, la de la política visto como un pasatiempo parecido a la caza de ciervos.

Lo que falta no son ni referentes nuevos, ni nuevas formas de entender la política, sino la vieja, la antigua y despreciaba humildad para verse como parte de un todo que no se puede uno permitir ensuciar, escupir o despreciar impunemente.

Corrupción: El origen del que nadie habla

Por Patricia Verdugo

Hubo un tiempo, en Chile, en que estuvimos a tiempo. Suena a redundancia, pero así fue. Ocurrió a partir del 11 de marzo de 1990, después que el general Pinochet se desprendió de la banda presidencial en solemne ceremonia y –de manos del presidente del nuevo Senado- se la ciñó el ciudadano Patricio Aylwin.

¿Qué tiene que ver eso con el escándalo de corrupción de Chiledeportes o con las facturas falsas en la rendición de cuentas electorales del senador Girardi? Han pasado casi diecisiete años y cualquiera puede responder “nada que ver”.

Yo quiero demostrarle que sí tiene que ver, que están estrechamente relacionados ambos escándalos. ¿Qué estoy calificando de “escándalo” ese primer cambio de mando de la transición? Sí, lo estoy haciendo.

Me explico. De todo hay en la viña del Señor y tuvimos antes prueba de ello. Durante la lucha contra la dictadura, muy de vez en cuando sabíamos de algún dirigente sindical que –de modo preciso- fue “asaltado” tras recibir dinero de la solidaridad internacional. Eso ocurría en una plaza de Estocolmo o en una esquina de Santiago de Chile. O sabíamos de algún encargado internacional de partido que salía por el mundo pasando el platillo para un determinado proyecto y, de regreso, entregaba una parte y se guardaba el resto para sus “gastos” personales. Ni siquiera podíamos escribir sobre estos temas –autocensura total- porque armar un escándalo era “entregarle balas al enemigo”. Y el enemigo era fiero, practicaba el degüello de disidentes hasta en 1985 y la desaparición de prisioneros hasta en 1987.

Por entonces ocurrió. Me refiero al origen. Comenzó la negociación entre los representantes de la disidencia y los de la dictadura. Como avales: el Vaticano y la Casa Blanca. Había que impedir que Chile se transformara en una segunda Nicaragua, con guerrilleros del FPMR tomándose el palacio presidencial. Se unieron los partidos –dejándose al margen al PC, padre de los guerrilleros- y llegamos finalmente, dos plebiscitos y elección mediante, a la inolvidable escena del 11 de marzo de 1990.

La clave estuvo en el segundo plebiscito, a mediados de 1989. Casi nadie lo recuerda. Nos convocaron para modificar la espuria Constitución del ’80. Las modificaciones habían sido pactadas entre la Concertación y la derecha pinochetista. Y se pactó que el general Pinochet continuaría al mando del Ejército por ocho años y que no fiscalizaríamos ninguno de sus actos administrativos. Es decir, aceptamos que el criminal y corrupto dictador siguiera a cargo de los arsenales de guerra, así como dimos la bendición a todo lo obrado durante su dictadura.

Ese fue el origen. En las bóvedas de CORFO, se guardaron decenas de miles de documentos que comprobaban cómo la derecha pinochetista había saqueado las empresas del Estado al momento de privatizarlas, amén de muchos ilícitos durante su militar administración. Yo misma vi, sólo por dar un ejemplo, una mesa de directorio cubierta por papeles –de casi medio metro de espesor- que probaban la corrupción en Televisión Nacional. Y así suma y sigue.

Sobre nada de eso podía escribirse. Autocensura total. Podíamos poner en riesgo la frágil y renaciente democracia. Y cuando fue inevitable el escándalo sobre los “pinocheques”, donde el ex dictador tenía estampada su firma en los cheques a favor de su hijo por casi tres millones de dólares, el presidente Frei intervino y dio “razones de Estado” para que el CDE retirara la querella.

Cuando la Concertación aceptó la impunidad de Pinochet, respecto de las violaciones de derechos humanos y su corrupción administrativa, así como la de su familia, abrimos la puerta para que cualquiera se sintiera con derecho a meter las manos en la caja estatal. Cuando se aceptó compartir salones y cócteles con los nuevos ricos de la dictadura, posando todos juntos para las páginas de “vida social”, se abrió la puerta hacia el infierno.

Como canta el tango Cambalache, ya dio lo mismo ser asesino que ladrón. Si tenías poder para asegurarte la impunidad, adelante…

¿Tenemos posibilidades de construir un país ético y estético a la vez? Sí, tenemos. Para eso hemos recibido clave ayuda internacional, porque si de nosotros dependiera “no se movería una hoja”. Primero tuvimos la ayuda de España para arrestar en Londres al ex dictador, aguando la fiesta de Pinochet como flamante senador vitalicio. Eso fue en 1998. Luego tuvimos la ayuda del Senado de Estados Unidos, con la completa investigación sobre las cuentas secretas de Pinochet. Eso fue en 2004. Y ahora recibimos el auxilio de la Corte Interamericana de Derechos Humanos recordándonos que el decreto de auto-amnistía debe ser anulado o derogado.

¿Qué tiene que hacer la alianza gobernante? Dar luz verde para que los tribunales condenen a Pinochet de una vez por todas. Por sus crímenes de lesa humanidad y por el saqueo de la caja estatal. No irá a la cárcel –la ley protege su ancianidad- pero se hará lo que es debido. Eso para empezar a hablar. Y luego seguimos con la Modernización del Estado y con las reformas al interior de los partidos para que no sean copados por “picantes” –como calificó un dirigente político- que sólo buscan lucimiento y coimas.
Suma y sigue…